ORURO, BOLIVIA – En el corazón de Oruro, la Iglesia de San Miguel alberga una imagen del Niño Jesús que ha capturado la atención de creyentes y escépticos por igual. Según relatos que circulan entre los feligreses, esta particular figura no solo se mueve por las noches, sino que ha llegado a ser amarrada a una silla por los propios religiosos para contener sus supuestas «travesuras». La restauradora y administradora de la iglesia, Elizabeth Cossio, confirma esta medida, explicando que el anterior párroco, Bernardo, decidió amarrarlo hace dos años debido a que «se sale pues». Esta inusual situación ha dado origen a la leyenda del «Niño Walaycho», un nombre quechua que significa «travieso», y cuya fama trasciende las paredes de la iglesia gracias a la creencia popular de que concede deseos, especialmente a los estudiantes.


La historia de este enigmático Niño Jesús se remonta a la familia que lo poseía originalmente, quienes, desesperados por sus constantes «travesuras» –como encontrar cuadros caídos en su hogar–, decidieron dejarlo en la Iglesia de San Miguel. Maurice Casorla, abogado e historiador, relata cómo la devoción familiar se transformó en un misterio cuando la figura comenzó a manifestar actividad inusual. La fama de la imagen ha llegado a tal punto que incluso equipos de investigación paranormal, como Enfoque TV, han visitado la iglesia para estudiar el fenómeno. Jorge Lui, investigador del equipo, sugiere que la acumulación de misticismo y veneración alrededor de la figura podría haberla convertido en un «egrégor», una especie de entidad psíquica colectiva que cobra autonomía, lo que explicaría el desgaste y la suciedad en los zapatos de la imagen, como si realmente caminara por las noches.


Más allá de las supuestas andanzas nocturnas, el «Niño Walaycho» es venerado por muchos como un benefactor. En su altar, es común encontrar estetoscopios, dejados por estudiantes universitarios, especialmente de medicina, que le atribuyen la concesión de sus deseos académicos. Inés Gutiérrez, estudiante de medicina, asegura que el niño «cumple, cuando le pides de corazón». Pero no solo ayuda en el ámbito estudiantil; también se le atribuye la ayuda a familias que le ruegan, quienes en retribución le dejan juguetes para su entretenimiento. Sin embargo, ni los amarres ni los obsequios parecen frenar al travieso niño, quien sigue siendo el centro de un misterio que atrae a curiosos y creyentes a la histórica Iglesia de San Miguel en Oruro.