EL MISTERIO DEL EDIFICIO DEL DIABLO: MITO URBANO Y PARANORMAL PARALIZA UNA OBRA EN ORURO

Paranormal

El propietario de una edificación paralizada hace tres años descubrió que los cimientos colindan con un antiguo adoratorio minero al «Tío». Tras la misteriosa muerte de un obrero y extraños sucesos, recurrieron a expertas para intentar recuperar el predio.

POR: BERNABÉ LÓPEZ / ORURO

Lo que comenzó como el proyecto de una galería en la ciudad de Oruro se ha transformado, tras tres años de parálisis absoluta, en un epicentro de misterio y debate entre la fe, la ingeniería y el mito andino. La construcción, permanece abandonada debido a una serie de acontecimientos que han sobrepasado cualquier explicación técnica o arquitectónica.

José Márquez, propietario del inmueble, confesó que al adquirir el terreno e iniciar las excavaciones desconocía por completo los antecedentes históricos del subsuelo. Los problemas comenzaron en la planta baja, donde filtraciones de agua de origen difuso y fallas estructurales inexplicables empezaron a retrasar el cronograma. «Cada vez se fue complicando. Lo que era pequeño, prácticamente ha abarcado casi toda la planta baja», relató Márquez, visiblemente afectado por la pérdida económica.

Tragedia de un trabajador

Sin embargo, la situación tomó un matiz trágico cuando uno de los albañiles que trabajaba en la obra falleció de manera imprevista y misteriosa. Según los testimonios recogidos en el lugar, antes de su deceso, el trabajador manifestó una profunda alteración psicológica, asegurando haber tenido un encuentro directo con una entidad demoníaca dentro de la propiedad cuando desbastaba una piedra gigante que dicen era del Tío de la Mina.

A partir de ese momento, el temor se apoderó de los constructores. Márquez detalla que los fenómenos extraños se volvieron cotidianos, incluyendo la avería súbita y la destrucción por fuego de la maquinaria pesada sin cortocircuitos aparentes. «Me pidió coca, para dejar coca y alcohol. Tanto nos ha hecho sufrir esa parte; hemos quemado [ofrendas], me mostraban esa maquinaria quemada», afirmó el dueño, refiriéndose a las peticiones que el obrero fallecido hizo antes de morir para calmar la presencia.

La intervención esotérica

Ante la desesperación por la parálisis de su inversión, el propietario decidió buscar asistencia fuera de los márgenes de la ciencia. Convocó a Ana Guzmán, una conocida tarotista y experta esotérica, y a Mylenka Fernández, investigadora paranormal del medio Enfoque TV. Ambas especialistas ingresaron al recinto para realizar un diagnóstico del lugar mediante rituales tradicionales con fuego, sal y alcohol.

Durante la intervención, que incluyó sesiones de canalización bajo el sonido de campanas litúrgicas, las expertas aseguraron haber identificado la presencia explícita de fuerzas oscuras. Según Guzmán, las llamas del ritual revelaron patrones que interpretó como una señal inequívoca: «Yo ya sabía que aquí había entidades pesadas demoníacas… desde el fuego ya me salía una S, entonces para mí yo dije es ‘S’ y luego dijo Satán».

Por su parte, la investigadora Mylenka Fernández aportó una explicación que conecta el suceso con el folklore y la historia minera de la región. De acuerdo con su análisis, los cimientos de la vivienda habrían perforado o colindado con galerías de una antigua mina subterránea, un espacio sagrado donde los indígenas veneraban al «Tío de la mina», el guardián del subsuelo.

«Podría haber habido un espacio en donde se veneraba al Tío y al explotar esto [la construcción] ha causado que el Tío se moleste. Cuando el Tío se molestaba, va a comenzar a actuar de forma negativa», explicó Fernández, argumentando que la remoción de tierras fue vista como una profanación a su territorio.

El precio de la tregua

En las últimas inspecciones, el equipo de investigación afirmó haber registrado la silueta de una entidad y haber establecido una suerte de comunicación espiritual. La conclusión de las expertas es que la presencia no abandonará el lugar a menos que se respete su soberanía territorial mediante una ofrenda o «k’oa» de magnitud.

Para José Márquez, las opciones de ingeniería se han agotado. Convencido de que el problema no tiene solución constructiva, ha decidido ceder ante el misticismo local: «Voy a cumplir porque esto ya rebasó lo que es el tema técnico», admitió. Su único objetivo ahora es pacificar el lugar para que, tras 36 meses de paralización, le permitan concluir la edificación.

El caso ha encendido las alarmas en el barrio. Tras concluir la experiencia, Márquez anunció que convocará a una reunión vecinal de emergencia. El propósito es advertir a los propietarios colindantes sobre el mapa de las antiguas vetas mineras que subyacen en la zona, instándolos a estar alertas ante cualquier manifestación que altere la tranquilidad de sus hogares.