Enrique Castro se ha ganado la admiración de quienes asisten a su salón de tatuajes, no precisamente porque hace obras de arte sino porque ayuda en la estética de las personas, cubriendo con tatuajes aquellas manchas, cicatrices o vitiligo. Dejando contentas y más seguras a sus clientes.
Un arte que comenzó hace no mucho cuando un cliente le pidió ayuda porque no soportaba el vitiligo y entonces comenzó a practicar con el tipo de piel, la combinación de colores es fundamental, asegura Castro, que a la fecha tiene más de 100 clientes.










